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En 2013 EEUU lanzó 2.000 ratones cargados de paracetamol para aniquilar la criatura de una isla. Los resultados siguen sorprendiendo 

En 2013 EEUU lanzó 2.000 ratones cargados de paracetamol para aniquilar la criatura de una isla. Los resultados siguen sorprendiendo

Hace poco más de una década se dio una imagen difícil de creer: un helicóptero estadounidense sobrevoló una isla del Pacífico dejando caer miles de pequeños paracaídas de cartón. No transportaban ayuda humanitaria ni material militar: sostenían ratones muertos rellenos de paracetamol. Aquella escena parecía sacada de una sátira, pero era el último intento por resolver una de las invasiones biológicas más devastadoras del planeta.

La serpiente que conquistó una isla. Todo comenzó tras la Segunda Guerra Mundial. La serpiente arborícola marrón (Boiga irregularis), originaria de Australia y Papúa Nueva Guinea, llegó accidentalmente a Guam, probablemente escondida en un cargamento militar. En una isla donde apenas tenía depredadores y la fauna nunca había convivido con un cazador de ese tipo, encontró el escenario perfecto para expandirse sin control. 

En pocas décadas había provocado la desaparición o el colapso de la mayoría de las aves forestales autóctonas, alterado el equilibrio del ecosistema y generado un problema económico constante al colarse en subestaciones eléctricas y provocar decenas de apagones cada año.

Ratones desde el cielo. Después de años probando trampas, perros detectores y patrullas nocturnas, Estados Unidos decidió probar una estrategia que parecía absurda sobre el papel. En 2013 lanzó desde helicópteros unos 2.000 ratones muertos equipados con pequeños paracaídas de cartón y papel para que quedaran enganchados en las copas de los árboles, el lugar donde viven y cazan estas serpientes. 

Cada uno contenía una pequeña dosis de paracetamol y algunos incorporaban diminutos transmisores de radio para comprobar si habían sido devorados o simplemente habían terminado pudriéndose entre la vegetación.

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El ratón muerto, a la izquierda, estaba impregnado de paracetamol y sujeto a un trozo de cartón que, a su vez, está sujeto a una serpentina. Luego, todo se arrojaba a las ramas donde viven las serpientes

El secreto estaba en el analgésico. La idea parecía aún más extraña por el ingrediente elegido. El paracetamol es uno de los medicamentos más comunes del mundo para aliviar el dolor y la fiebre en las personas, pero la serpiente arborícola marrón presenta una sensibilidad extraordinaria a este compuesto. 

Apenas 80 miligramos, aproximadamente una dosis infantil, son suficientes para alterar la capacidad de su sangre para transportar oxígeno, provocar un coma y acabar causándole la muerte unas horas después. Para la inmensa mayoría del resto de animales presentes en Guam esa cantidad resulta demasiado baja como para representar un peligro significativo, lo que convertía al método en una alternativa mucho más selectiva que otros venenos convencionales.

Más que un problema de serpientes. La invasión había dejado de ser un simple conflicto entre un depredador y sus presas. Sin aves que dispersaran semillas, la regeneración natural de los bosques empezó a resentirse y algunas especies vegetales perdieron a sus principales aliados. Al mismo tiempo, la desaparición de los pájaros permitió que otros animales, como las arañas, aumentaran de forma llamativa. 

A todo ello se sumaban los frecuentes cortes eléctricos provocados por las serpientes al introducirse en infraestructuras críticas y el temor de que algunos ejemplares escaparan ocultos en barcos o aviones hacia Hawái, donde los científicos advertían de que el impacto ecológico y económico podría ser todavía mayor.

Boiga Irregularis Coiled

Boiga Irregularis

Y funcionó… con un matiz. Con todo, las acciones de 2013 dejaban una pregunta en el aire: ¿había servido realmente aquella lluvia de ratones? La respuesta llegó años después gracias a los seguimientos de campo realizados por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y varios estudios científicos.

Sorprendentemente, las campañas con cebos aéreos consiguieron reducir de forma significativa el número de serpientes en las zonas tratadas, especialmente entre los ejemplares adultos que viven en las copas de los árboles. Sin embargo, el efecto no era permanente: con el paso del tiempo otras serpientes procedentes de áreas cercanas recolonizaban esos espacios, lo que demostraba que una sola operación nunca bastaría para eliminar la especie de toda la isla.

El experimento no terminó, cambió la estrategia. Lejos de abandonar el proyecto, las autoridades estadounidenses siguieron perfeccionando el sistema durante la década siguiente. Los lanzamientos de cebos pasaron a formar parte de una estrategia mucho más amplia que combina trampas, perros detectores, inspecciones en puertos y aeropuertos y campañas periódicas en las zonas más problemáticas. 

El objetivo también cambió: ya no se habla de erradicar por completo a la serpiente arborícola marrón, sino de mantener sus poblaciones bajo control, favorecer la recuperación de la fauna nativa y, sobre todo, impedir que este depredador llegue a otras islas del Pacífico. Aquella imagen de miles de ratones descendiendo en pequeños paracaídas sigue pareciendo una de las operaciones más extravagantes de la historia reciente, pero quince años después continúa siendo una de las herramientas más eficaces que la ciencia ha encontrado para contener una invasión que parecía imposible de frenar.

Imagen | USCG, U.S. Department

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La noticia

En 2013 EEUU lanzó 2.000 ratones cargados de paracetamol para aniquilar la criatura de una isla. Los resultados siguen sorprendiendo

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Xataka

por

Miguel Jorge

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