Cuando agosto ya encaraba su última semana, el ministro de Transportes, Óscar Puente, inauguraba un nuevo tramo de la A-11. Fotos, titulares y las consiguientes reseñas en los medios de comunicación. Pero la historia que se esconde detrás de los 30 kilómetros que se añaden a la red de carreteras del Estado van mucho más allá.
Porque, para empezar, el flamante tramo inaugurado está incompleto.
El pasado mes de enero os contábamos en Xataka que Valladolid estaba a punto de cerrar uno de los últimos eslabones para conectar esta ciudad y Quintanilla de Arriba, una población vallisoletana cercana a Peñafiel. Algo más de 30 kilómetros que pueden parecer pocos pero que son imprescindibles para circular de manera continua entre estas dos poblaciones.
La noticia, sin embargo, tiene algo de truco. Como os decíamos en la noticia del enlace superior, en ese tramo también se sitúa un nuevo viaducto que está en construcción. En enero ya se avisaba que, de abrirse el nuevo tramo, se haría sin retrasos siempre y cuando no se superara el año 2026.
El compromiso se ha cumplido a medias. Porque, efectivamente, el tramo está abierto. Salvo en lo referente al nuevo viaducto, que no llegará hasta el próximo año. Esto nos deja que la ansiada conexión ha sumado 30 nuevos kilómetros en dirección Valladolid pero en sentido contrario, dirección Soria, el tráfico podrá rodar por la A-11 durante 25 kilómetros.
El tramo, una vez terminado, alcanzará los 265 millones de euros en inversión, lo que también eleva el coste frente a los 220 millones de euros previstos en un primer momento.
Podemos hablar, por tanto, del típico juego político con los tiempos, las fotografías y los titulares. Pero el caso de la A-11 es particular porque lleva más de 30 años en construcción.
A-11, la carretera sin fin
Nos decía César Franco, ingeniero industrial y expresidente del Consejo General de Ingenieros Industriales, en una entrevista que los tiempos de diseño y construcción de las carreteras españolas son “un mal endémico” y que “si diseñas una carretera pensando en el tráfico de hoy, cuando la inaugures dentro de quince años el entorno habrá cambiado por completo“.
El problema en el caso de la A-11 es que no se diseñó hace 15 años. El proyecto empezó a gestarse el siglo pasado y los coches llevan pisando el asfalto de la autovía desde 2002. Solo, evidentemente, donde les dejan. Porque desde 1993 cuando se anunciaron las carreteras que debían desdoblarse en Castilla y León, pocos podíamos imaginar que en 2026 seguirían quedando más de 160 kilómetros por construirse.
La carretera fue diseñada con un solo objetivo, cruzar la Comunidad Autónoma desde Zamora a Soria para facilitar los viajes alternativos a las carreteras radiales que parten desde Madrid. Sin embargo, con el paso de los años no sólo se ha convertido en una cuestión de tiempos. Desdoblar la carretera N-122 es necesario desde un punto de vista de la seguridad vial ya que es una de las más peligrosas del país. Sólo unos días antes de la inauguración, otros cuatro jóvenes fallecieron en la carretera.
Durante la inauguración, del nuevo (e incompleto) tramo junto a Valladolid, Puente reiteró que se habían hechos enormes avances en el estado de la autovía en los últimos años y que desde 2018 se habían inaugurado 80 nuevos kilómetros de la misma. Ese mismo tramo, de hecho, llega tres años tarde y sumará uno más cuando el viaducto ya esté terminado en 2027.
En su comunicado, el Ministerio de Transportes deja claro que ya todos los tramos de la autopista están “en servicio, en obras o en proyecto”. ¿Qué quiere eso decir? Sí, que se está trabajando de una manera o de otra en todos los campos de actuación para sacar adelante la obra.
Pero no se da un dato clave: ¿fecha de fin de la obra?
No hay.
Y eso que llevamos hablando de la A-11 más de 30 años.
Foto | Ministerio de Transportes
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La noticia
En los años 90, alguien ideó una carretera para cruzar todo Castilla y León. 30 años después, la A-11 sigue siendo una promesa
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alberto de la Torre
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