jueves, agosto 6, 2026
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Estafas con IA: influencers falsos venden bienestar

El prestigioso especialista en trastornos del sueño, Eduard Estivill, hizo pública recientemente una denuncia en sus redes sociales tras ser víctima de una suplantación de identidad mediante inteligencia artificial en la plataforma Instagram. El médico señaló que su rostro y su voz fueron clonados sin su autorización para difundir anuncios de tratamientos médicos falsos y habilidades culinarias que no posee. Este caso ilustra el acelerado crecimiento del mercado de los influenciadores virtuales y los incentivos económicos que existen para utilizar avatares tecnológicos en sectores críticos como la salud y el bienestar.

Diversas compañías dedicadas a la comercialización de suplementos alimenticios emplean estas herramientas digitales para simular ser médicos o expertos sanitarios, promocionando artículos con afirmaciones que carecen de sustento científico. La producción masiva de este tipo de contenidos se ha facilitado notablemente, permitiendo elaborar cerca de 1.200 vídeos diarios con un coste operativo aproximado de 10 dólares a través del uso de diferentes plataformas tecnológicas, convirtiendo la confianza del público en un recurso comercial altamente escalable.

Regina Espinoza Athié, cofundadora y directora ejecutiva de la plataforma de salud mental Cuéntame, advirtió sobre el peligro latente de confundir la simple difusión de contenidos con una atención clínica real. La especialista indicó que un personaje digital puede emitir sugerencias generales, pero jamás sustituirá un proceso terapéutico formal, donde un especialista humano analiza la historia clínica del paciente, detecta evoluciones a lo largo del tiempo, interpreta señales no verbales y ajusta el tratamiento al entorno particular del individuo. Asimismo, destacó que los objetivos difieren radicalmente, pues mientras un influenciador artificial busca capturar y retener la atención de la audiencia, un especialista médico persigue la mejora genuina de la persona.

Los avatares sintéticos son concebidos con rostros y anatomías ideales, exentos de fatiga, defectos o limitaciones humanas, lo que genera comparaciones inevitables en los usuarios. Estos personajes se diseñan estratégicamente para proyectar seguridad, calculando desde el rango de edad y el tono vocal hasta la inclusión de consultorios simulados y diplomas apócrifos en el fondo. Dicha estrategia busca persuadir a consumidores que enfrentan padecimientos crónicos, propiciando escenarios imprecisos en consultas sobre pérdida de peso, nutrición o salud mental que ignoran las necesidades biológicas específicas de cada individuo.

Por su parte, Luis Arturo Sirgo Cruz, director nacional de la carrera de psicología clínica en el Tecnológico de Monterrey, explicó que la aceptación de estos avatares responde a la denominada transferencia de la confianza. Este proceso psicológico ocurre cuando los individuos observan rasgos físicos semejantes a los humanos y proyectan sentimientos de confianza hacia la máquina. Espinoza Athié añadió que la popularidad de estos recursos digitales se incrementa porque operan de manera ininterrumpida las veinticuatro horas del día, carecen de listas de tiempos de espera, suelen no tener costo y brindan una interacción libre de censura o juicios, aunque advirtió que la sensación de ser escuchado no equivale a recibir una intervención profesional integral que evalúe riesgos y promueva cambios efectivos.

La problemática se agrava debido a la dificultad creciente para identificar estas tecnologías. De acuerdo con los datos aportados por la investigación titulada ¿Puedes distinguir a las personas generadas por IA de las reales?, elaborada por la Universidad de Waterloo, el 40% de los individuos ya es incapaz de diferenciar un rostro humano de uno sintético. Andreea Pocol, investigadora principal del estudio, subrayó que este porcentaje se registró a pesar de que los participantes examinaron las imágenes con detención, un escenario muy distinto al consumo superficial que realizan habitualmente los internautas en la red.

Como medida de prevención ante estos engaños, Espinoza sugirió mantener el escepticismo frente a ciertos patrones recurrentes en los vídeos. Entre las recomendaciones se encuentran desconfiar de avatares que garanticen soluciones milagrosas o inmediatas para la ansiedad o el control de peso, rechazar materiales que carezcan de respaldo científico o credenciales comprobables si su propósito es comercializar productos, y estar alerta ante consejos estandarizados que ignoran las particularidades biológicas de cada persona. También aconsejó identificar contenidos que recurran a tácticas de urgencia, intimidación o generación de culpa para forzar decisiones de compra, así como aquellos que omiten la recomendación de acudir con un especialista calificado cuando la situación lo demanda.

n-d.mx