El MacBook Neo se ha convertido en uno de los portátiles más atractivos de Apple por precio, pero ahora conocemos que esconde un secreto que afecta al SSD. Un test realizado por el canal UFD Tech apunta a que los 8 GB de memoria unificada pueden provocar un uso extremadamente intensivo del SSD. El motivo es que macOS recurre al SSD como memoria virtual. Esto hace que acumule una enorme cantidad de escrituras incluso realizando tareas relativamente normales. Esto afecta tanto al MacBook Neo de 256 GB como 512 GB, ya que ambos comparten 8 GB de RAM.
El problema no es el uso de memoria virtual en sí mismo. Con macOS se comprime la memoria y, cuando esta empieza a quedarse corta, utiliza el SSD mediante archivos de swap. Es una técnica completamente habitual en los sistemas operativos modernos. El inconveniente aparece cuando hay tan poca RAM que este mecanismo entra continuamente en funcionamiento. Cada escritura contribuye al desgaste de las celdas NAND Flash y, en el MacBook Neo, el almacenamiento está integrado soldado a la placa base, por lo que no está pensado para que el usuario pueda reemplazarlo. La propia prueba muestra que macOS puede empezar a recurrir al swap cuando el consumo combinado de memoria ronda poco más de 6 GB, manteniendo margen para evitar que el sistema se quede completamente congelado.
El MacBook Neo escribió casi 900 GB en su SSD utilizando Chrome durante solo tres horas
UFD Tech comenzó sometiendo los SSD de los MacBook Neo de 256 y 512 GB a escrituras continuadas para intentar estimar su resistencia. Apple no publica una cifra TBW oficial para estas unidades, por lo que el canal utilizó los indicadores de desgaste que exponen los propios SSD al sistema operativo. En el modelo de 256 GB se escribieron cerca de 20 TB hasta alcanzar aproximadamente un 5% de desgaste. Esto permite extrapolar una resistencia situada aproximadamente entre 400 y 420 TB escritos.
El modelo de 512 GB resultó sorprendentemente más resistente. Tras escribir cerca de 40 TB, la unidad había alcanzado aproximadamente un 3% de desgaste, situando su resistencia extrapolada a unos 1,5 PB escritos. Es decir, no estaríamos hablando simplemente del doble de resistencia por duplicar la capacidad, sino de alrededor de tres o incluso cuatro veces la resistencia estimada del SSD de 256 GB en las unidades analizadas. Son cifras extrapoladas a partir de ciclos P/E y del indicador de salud del SSD, no un TBW oficial publicado por Apple, por lo que deben tratarse como una estimación.
Pero el dato realmente preocupante apareció al abandonar el benchmark y utilizar el portátil con normalidad. El responsable de UFD Tech empleó el MacBook Neo de 256 GB para investigar utilizando Chrome junto a Discord y WhatsApp. Nada de tareas pesadas como edición de vídeo, edición fotográfica ni otras cargas profesionales. Después de solamente tres horas de uso, el sistema había escrito cerca de 900 GB de datos en el SSD, principalmente como consecuencia del intercambio constante entre los 8 GB de RAM y el almacenamiento. Durante algunos momentos el equipo funcionaba muy lento, pero el sistema operativo macOS nunca llegó a advertir de que se había quedado sin memoria disponible.
Los 8 GB de RAM podrían convertirse en el verdadero problema de longevidad del MacBook Neo
Si se extrapolase literalmente esa carga de trabajo y se tomasen como referencia unos 420 TB de resistencia, UFD Tech calcula unas 1.400 horas hasta alcanzar el nivel de desgaste estimado del SSD de 256 GB. Es decir 58 días de uso continuo. Esto no significa que el SSD vaya a morir después de 58 días. Alcanzar la resistencia nominal o estimada de una unidad NAND no equivale a que deje inmediatamente de funcionar y muchos SSD continúan operativos mucho después. Además, esos 900 GB en tres horas corresponden a una carga de navegación particularmente intensa y no representa a todos los compradores. Pero claro, quien haga un uso intensivo, se expone a ello.
Una forma bastante más útil de contextualizar los datos es pensar en varios años de utilización. Según los cálculos de UFD Tech, para repartir esos aproximadamente 420 TB durante cinco años, el modelo de 256 GB tendría que mantenerse por debajo de unos 230 GB escritos al día. Muy lejos de los 900 GB de la prueba de 3 horas. Para alcanzar diez años, alrededor de 115 GB al día. Por su parte, el MacBook Neo con SSD de 512 GB de capacidad, tendría muchísimo más margen gracias a sus aproximadamente 1,5 PB estimados. Hablamos así de una durabilidad de 830 GB diarios durante cinco años o 415 GB diarios durante diez años.
Por tanto, el SSD utilizado por Apple no parece especialmente malo; de hecho, el propio autor considera razonable una resistencia cercana a 400 TB para una unidad de esta capacidad. El verdadero punto débil es la combinación de solo 8 GB de RAM, uso intensivo del swap y un almacenamiento no sustituible fácilmente. Por ahora, tampoco hay evidencias de una oleada de SSD muertos prematuramente. Veremos qué sucederá de aquí a unos años en los usuarios que den un uso más intensivo a sus MacBook Neo. Cuando lleguen los problemas, ya no haya garantía, y claro, el almacenamiento no será tan fácil como comprar un nuevo SSD M.2 y reemplazarlo.
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