El conflicto legal entre Apple y OpenAI ha trascendido los tribunales para convertirse en un debate de carácter público, después de que la empresa responsable de ChatGPT haya respondido con dureza a las acusaciones de presunto robo de secretos industriales. Lejos de limitarse a una contestación formal en los estrados judiciales, OpenAI ha decidido hacer públicos diversos correos electrónicos e historiales de mensajes de texto, conocidos como iMessages, con el propósito de demostrar que la demanda presentada por la firma dirigida por Tim Cook se fundamenta en un relato parcial e inexacto. La estrategia de la compañía liderada por Sam Altman busca trasladar el litigio a la opinión pública, exponiendo inconsistencias en la narrativa de su competidor y abriendo un nuevo frente de confrontación en esta disputa tecnológica.
Esta reacción se produce como respuesta a una solicitud de medida cautelar interpuesta por Apple, con la cual pretendía prohibir de manera temporal que OpenAI, junto con los exempleados Chang Liu y Tang Yew Tan, pudieran consultar, emplear o divulgar datos considerados confidenciales mientras continúa el procedimiento judicial en curso. Lejos de aceptar la postura de la compañía de Cupertino, la respuesta de la organización de inteligencia artificial ha consistido en desglosar públicamente las fisuras de la acusación mediante la divulgación de comunicaciones privadas que complican la posición de los demandantes ante la justicia.
Entre los episodios más llamativos expuestos en las comunicaciones destaca un mensaje enviado por un abogado externo de Apple al director jurídico de OpenAI, Che Chang, en el que se le agradecía una supuesta llamada telefónica previa y una supuesta disposición a cooperar que jamás ocurrió en la realidad. Ante la protesta formal de Chang por dicha falsedad, el letrado reconoció que el correo iba destinado a otra persona distinta de apellido Wang y que se había equivocado de hilo en la conversación, un fallo que OpenAI utiliza para rebatir que la empresa demandante mantuviera un contacto directo con su máximo responsable legal antes de iniciar acciones en los tribunales.
Asimismo, la documentación difundida incluye conversaciones mantenidas por Chang Liu con antiguos compañeros dentro de la estructura de Apple, donde se mencionan gestiones relacionadas con el manejo de una unidad de memoria USB de 64 gigabytes, la transferencia de aproximadamente 200 gigabytes de información, la reanudación de procesos de copia a través de AirDrop y la permanencia temporal de una cuenta de iCloud vinculada a un ordenador portátil de la corporación. Aunque estas acciones presentadas de forma aislada sugieren una operativa irregular, los mensajes completos revelan que parte de estas maniobras se ejecutaban con la participación activa de un trabajador que todavía formaba parte de Apple, quien colaboraba en la recuperación de notas y documentos laborales dejados por Liu, llegando incluso a solicitar autorización para finalizar el volcado de datos bajo la promesa de no revisar información de índole personal.
La controversia adquiere matices aún más complejos al constatar que diversos empleados de Apple continuaron recurriendo a Liu tras su salida de la organización para consultarle cuestiones técnicas, calendarios de lanzamientos, diagramas eléctricos y la localización de archivos en la plataforma Box, obteniendo respuestas detalladas hasta que uno de los participantes advirtió de que tales interacciones resultaban inadecuadas. En otra de las conversaciones divulgadas, Liu bromea sobre el uso generalizado de la inteligencia artificial en OpenAI al tiempo que colabora en la identificación de un componente en un esquema reservado, recibiendo como réplica la promesa de una bebida mientras ambas partes comentan decisiones sobre productos cuyos nombres han sido censurados.
A pesar de la ofensiva pública, la revelación de estos mensajes no exime por completo a OpenAI de los señalamientos más graves formulados por la acusación principal. Apple mantiene imputaciones severas contra Chang Liu por aprovechar un fallo en los sistemas de autenticación, sustraer decenas de archivos internos y entrenar a candidatos en entrevistas sobre iniciativas reservadas, aspectos que las comunicaciones seleccionadas por la defensa no logran desmentir en su totalidad. No obstante, la exhibición de estos registros pone en entredicho la versión oficial de Apple sobre un supuesto desconocimiento absoluto de los hechos, evidenciando que sus propios empleados mantuvieron vulnerabilidades en los accesos, administraron perfiles personales y siguieron utilizando a un exempleado como soporte técnico para proyectos internos cuando este ya formaba parte de la plantilla de su competidor estratégico.




