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“El fuego es solo el final de una historia que comienza meses antes”: María Fernández

Las imágenes de montañas cubiertas por humo y miles de hectáreas consumidas por las llamas suelen aparecer cuando la emergencia ya es inevitable. Sin embargo, la pregunta realmente importante llega mucho antes: ¿era posible prevenir ese incendio?

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Desde la Ingeniería Forestal y del Medio Natural y la Ingeniería Ambiental, disciplinas que estudian el comportamiento de los ecosistemas y desarrollan estrategias para su conservación, la prevención comienza mucho antes de que aparezca el humo. Así lo explica María Fernández, ingeniera, investigadora y docente de la Universidad El Bosque, quien ha trabajado en procesos de gestión ambiental, sostenibilidad y restauración junto a entidades nacionales e internacionales.

Lo que la Ingeniería Forestal sabe sobre los incendios

Fuente: Pixabay @fish96
Fuente: Pixabay @fish96

“La variabilidad climática ha incrementado durante los últimos años y los ecosistemas secos son los más susceptibles a este tipo de incendios”, explica la ingeniera e investigadora.

Departamentos como Huila, Tolima, Cundinamarca, La Guajira y algunas zonas del Valle del Cauca concentran importantes extensiones de bosque seco tropical, un ecosistema que enfrenta condiciones especialmente delicadas cuando aumentan las temperaturas y disminuye la disponibilidad de agua.

Pero el fuego no aparece de un momento a otro.

Antes suelen presentarse suelos resecos, vegetación seca, déficit hídrico y temperaturas superiores a las habituales. En esas condiciones, incluso una pequeña fuente de calor puede convertirse rápidamente en un incendio forestal de gran magnitud.

Desde la Ingeniería Forestal, estos indicadores hacen parte del monitoreo permanente de los ecosistemas, permitiendo identificar escenarios de riesgo y orientar acciones de prevención antes de que ocurra una emergencia.

Después del incendio comienza otro desafío

Cuando las llamas se apagan, el trabajo apenas empieza.

Uno de los mayores retos es recuperar la capa orgánica del suelo, fundamental para que la vegetación vuelva a desarrollarse. Si esa protección desaparece, el viento y la lluvia aceleran la degradación del terreno y dificultan su recuperación.

Por eso, Fernández explica que los procesos de restauración deben planearse desde criterios técnicos propios de la Ingeniería Forestal y la Ingeniería Ambiental. Mantener el suelo cubierto, implementar zanjas de infiltración y sembrar especies capaces de favorecer la retención de agua son algunas de las estrategias que ayudan a recuperar la funcionalidad del ecosistema.

Dependiendo de las condiciones del terreno y de la disponibilidad de agua, un ecosistema puede tardar entre uno y tres años en recuperarse.

Restaurar un bosque no significa sembrar cualquier árbol

Uno de los errores más frecuentes después de un incendio es pensar que cualquier proceso de reforestación será suficiente.

La ingeniera e investigadora explica que cada territorio necesita especies nativas adaptadas a sus condiciones ambientales y que las comunidades locales poseen un conocimiento invaluable sobre cuáles son las más adecuadas.

“Si uno se pone a plantar por plantar, muy posiblemente esos árboles no sobrevivan porque no están adaptados al clima o necesitan más agua de la disponible”, señala.

Por eso insiste en que los procesos de restauración deben construirse desde el conocimiento científico, en articulación con las autoridades ambientales y las comunidades que conocen el territorio, garantizando intervenciones sostenibles y acordes con las características de cada ecosistema.

El bosque que Colombia no puede perder

Durante la conversación, Fernández hizo un llamado especial sobre un ecosistema que suele pasar desapercibido: el bosque seco tropical.

Aunque ocupa una pequeña porción del territorio nacional, cumple un papel fundamental en el equilibrio ambiental y en la resiliencia frente a los incendios. Sin embargo, la expansión de las llamas y la transformación del paisaje han reducido considerablemente su presencia.

“Es un ecosistema muy frágil y su conservación se ha convertido en una prioridad”, advierte.

Para la Ingeniería Forestal y del Medio Natural, proteger este tipo de ecosistemas significa no solo responder cuando ocurre una emergencia, sino fortalecer las estrategias de monitoreo, restauración y manejo sostenible que permitan conservar su biodiversidad y los servicios ambientales que prestan.

Formar profesionales para prevenir, no solo para reaccionar

Más allá de atender las emergencias, el reto está en formar profesionales capaces de comprender los ecosistemas y actuar antes de que los riesgos se conviertan en desastres.

Ese es precisamente el enfoque del programa de Ingeniería Forestal y del Medio Natural de la Universidad El Bosque, que trabaja de manera articulada con Ingeniería Ambiental para formar profesionales con una visión integral del territorio.

Durante su formación, los estudiantes fortalecen competencias en restauración ecológica, manejo de especies nativas, monitoreo ambiental, sistemas de información geográfica, uso de drones y tecnologías que permiten analizar el comportamiento de los ecosistemas, validar información científica y diseñar estrategias de prevención y gestión sostenible.

“La tecnología hoy nos permite prever escenarios climáticos y tomar decisiones con anticipación. Pero también necesitamos entender los ecosistemas y aprender de las comunidades que los habitan”, concluye Fernández.

n-d.mx