El Volcán de Fuego ha protagonizado algunas de las erupciones más intensas de la región, incluida una que en 2018 dejó más de 200 personas fallecidas y más de 1.7 millones de habitantes afectados.El Volcán de Fuego, reconocido formalmente como el más activo de toda la región centroamericana, ha entrado recientemente en una nueva y preocupante fase eruptiva. Esta repentina y peligrosa situación obligó de inmediato a las autoridades gubernamentales de la República de Guatemala a declarar la alerta naranja, la cual representa el segundo nivel más alto dentro de la escala oficial de riesgo y prevención de desastres. Como consecuencia directa de este incremento en la actividad geológica, durante la noche de este pasado lunes, decenas de familias que habitan en las comunidades situadas en las inmediaciones del coloso tuvieron que ser evacuadas de sus hogares de manera totalmente preventiva para salvaguardar sus vidas.
La Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres, conocida ampliamente por sus siglas como CONRED, informó de manera oficial que estos desalojos preventivos tienen el propósito fundamental de proteger a la población considerada más vulnerable. Específicamente, estas acciones de evacuación se han concentrado en las comunidades del caserío El Porvenir y de la aldea Las Lajitas, zonas geográficas que se encuentran ubicadas de forma muy cercana en el municipio de San Juan Alotenango, perteneciente al departamento de Sacatepéquez.
Por otro lado, el Centro de Pronóstico Vulcanológico del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología, identificado como INSIVUMEH, indicó a través de sus reportes técnicos que este coloso no registraba un episodio de actividad eruptiva de esta magnitud desde el mes de junio del año pasado. No obstante, durante las horas de la tarde del domingo, los sistemas de monitoreo comenzaron a detectar un incremento paulatino pero constante en su actividad interna. El organismo científico señaló en sus boletines que el cono volcánico permanece actualmente en una fase eruptiva de carácter intenso e inusual, la cual los expertos estiman que podría prolongarse por un periodo de tiempo de entre 24 y 72 horas continuas.
Los especialistas del instituto científico concluyeron en sus análisis más recientes que el volcán ha alcanzado oficialmente lo que se denomina una “fase de paroxismo”. Este término geológico describe precisamente el periodo de mayor intensidad explosiva que se puede registrar dentro de un proceso de erupción. Esta etapa tan crítica se distingue notablemente por la presencia de explosiones de naturaleza mucho más violenta, así como por drásticas variaciones en la dirección y en la cantidad de ceniza que es expulsada hacia la atmósfera. Asimismo, se observa un incremento considerable tanto en el número como en el alcance y el volumen de los temidos flujos piroclásticos.
Estos flujos piroclásticos consisten en avalanchas sumamente peligrosas compuestas por gases a temperaturas extremas, ceniza densa, rocas de diversos tamaños y fragmentos volcánicos que descienden por las laderas del monte a una velocidad verdaderamente alarmante. Los vulcanólogos advirtieron con firmeza que, durante el desarrollo de esta fase de paroxismo, dichos flujos representan el peligro más grave e inminente para todas las comunidades humanas que se encuentran asentadas en las inmediaciones del volcán.
En un primer momento del fenómeno, los flujos piroclásticos descendieron con fuerza a través de la conocida barranca Seca, logrando recorrer una distancia de entre cinco y siete kilómetros sin llegar a impactar zonas pobladas. Sin embargo, conforme avanzaron las horas y la erupción ganó más fuerza, las autoridades confirmaron con preocupación que el material incandescente también comenzó a desplazarse por la barranca Ceniza, la cual históricamente ha sido uno de los cauces más afectados durante los episodios eruptivos ocurridos en el pasado. Los especialistas en vulcanología no han descartado la posibilidad de que estas peligrosas corrientes de material volcánico puedan extenderse todavía más hacia otras barrancas cercanas, entre las cuales figuran los nombres de Trinidad, Jute, Las Lajas y Honda.
Representantes del INSIVUMEH señalaron también que las poblaciones ubicadas en los departamentos de Escuintla, Sacatepéquez y Chimaltenango ya están recibiendo la atención necesaria conforme a los estrictos planes de respuesta y contingencia que han sido debidamente coordinados por la CONRED.
Ante este panorama crítico, las autoridades competentes en materia de protección civil han emitido una serie de recomendaciones esenciales para los ciudadanos. Entre ellas, exhortaron firmemente a la población a mantenerse alejada de todas las barrancas que circundan el volcán, a utilizar mascarillas de protección de forma obligatoria para evitar la inhalación de partículas de ceniza, a cubrir adecuadamente los alimentos y los depósitos de almacenamiento de agua potable, y a resguardar debidamente al ganado y a otros animales domésticos para mitigar el impacto negativo sobre los medios de vida de las familias locales.
Finalmente, las instituciones hicieron un llamado enérgico a la ciudadanía para permanecer atentos a toda la información oficial difundida a través de los canales autorizados y a preparar con antelación un kit de emergencia familiar. Dicho kit debe incluir elementos básicos para la supervivencia durante los primeros tres días posteriores a un desastre natural o accidente, tales como agua embotellada, alimentos no perecederos, medicamentos esenciales y herramientas de utilidad. Para cualquier situación de urgencia, recordaron a la comunidad que se encuentra disponible el número telefónico de emergencia 119.





