La exitosa comedia de acción estrenada en 1977, Smokey and the Bandit, catapultó al estrellato al actor Burt Reynolds y convirtió al Pontiac Firebird Trans Am negro y dorado en un auténtico ícono cultural a nivel mundial, desatando una locura de ventas que tomó por sorpresa a la propia General Motors.
EL IMPACTO DE UNA PELÍCULA EN LAS VENTAS
La trama de la cinta giraba en torno a una misión muy clara: los adinerados tejanos Big Enos y Little Enos querían contrabandear cerveza Coors desde Georgia hasta Texas en menos de 28 horas, algo que en esa época era ilegal al este del río Misisipi sin contar con un permiso especial. El valiente camionero Cledus Snow, interpretado por Jerry Reed, aceptó el reto de transportar el cargamento, para lo cual reclutó a Bo “Bandit” Darville, encarnado por Burt Reynolds. La misión de Bandit consistía en manejar un Pontiac Firebird Trans Am para distraer a la policía, a quien llamaban los smokey, y así evitar que descubrieran el camión cargado con 400 cajas de cerveza ilegal.
Aunque el filme no se convirtió precisamente en una obra maestra del cine, resultó sumamente entretenido gracias a sus constantes persecuciones, alcanzando un éxito comercial abrumador que traspasó fronteras, transformándose en una cinta de culto tanto en los Estados Unidos como en diversos países de Europa. Dicho fenómeno taquillero benefició directamente a Pontiac, provocando que durante un periodo determinado se vendieran más unidades del acabado tope de gama, el Trans Am, que del resto de las versiones del Firebird. El vehículo quedó inmortalizado al mismo nivel que el Aston Martin de James Bond o el DeLorean de Volver al futuro, integrándose al selecto grupo de automóviles que son totalmente indisociables de la pantalla grande.
UN REGALO ANUAL QUE LLEGÓ A SU FIN
El impacto de la película generó una campaña publicitaria tan efectiva que superó por mucho cualquier estrategia de marketing tradicional, a pesar de que General Motors no había invertido ni un solo dólar en la producción, más allá de facilitar cuatro unidades del vehículo. Como agradecimiento por semejante favor comercial, el presidente de la marca se comunicó directamente por teléfono con Burt Reynolds para darle las gracias, mientras que el entonces director de Pontiac fue más allá al prometerle un Trans Am completamente nuevo cada año y de por vida, un gesto sin obligaciones contractuales previas que reflejaba la euforia comercial del momento.
Durante un lustro, el actor recibió puntualmente su modelo anual, quedándose únicamente con uno para su uso personal y regalando el resto a sus allegados. Sin embargo, al sexto año el automóvil jamás llegó. Al creer que se trataba de un inconveniente logístico o de algún robo, Reynolds decidió marcar directamente a la compañía para averiguar qué sucedía, obteniendo una tajante respuesta por parte del nuevo directivo de la firma, quien le confesó sin rodeos que el trato terminaba ahí porque simplemente no le gustaban sus películas, marcando el final de un acuerdo informal que dejó huella en la historia del automovilismo y el cine.
Por: Redacción de Noticia Digital (NoticiaDigital.com.mx)





