La compañía OpenAI dio a conocer que logró resolver el complejo problema matemático de Navier-Stokes, un desafío de 90 años sobre la dinámica de fluidos, utilizando una inteligencia artificial avanzada aún no revelada y superior a GPT-6 Astra, aunque el anuncio desató una fuerte controversia tras las sospechas de un investigador sobre el supuesto uso de sus borradores privados en Codex.
EL ENIGMA MATEMÁTICO DE NAVIER-STOKES
Las ecuaciones de Navier-Stokes explican la forma en que se desplazan fluidos como el agua y el aire, siendo clave para analizar el clima o fabricar aeronaves. El reto consistía en averiguar si, en tres dimensiones, un desplazamiento que inicia de forma suave puede generar una singularidad y perder dicha regularidad.
Demostrar esto ha tomado casi un siglo debido a que el movimiento del fluido se intensifica por sus propias interacciones, mientras que la viscosidad busca suavizarlo. Para comprobarlo mediante simulaciones o cálculos prácticos no basta, ya que se requiere un rigor absoluto que garantice que las soluciones se mantengan estables bajo cualquier escenario.
LA SOLUCIÓN Y LA POTENCIA DE CÓMPUTO
La demostración presentada por OpenAI plantea un fluido que arranca desde el reposo y recibe una fuerza externa moderada, provocando que su velocidad incremente sin límite en un lapso finito, a pesar de que su energía cinética se mantiene acotada. Esto determina un escenario donde el modelo matemático genera una singularidad, sin implicar que el agua real adquiera velocidades infinitas ni que la ingeniería actual quede inservible.
Para conseguir este hito, la empresa señaló que usó unos 10.000 agentes al mismo tiempo durante 88 horas, generando cerca de 130.000 millones de tokens de salida. A la par, el sistema GPT-6 Astra empleó otras 17 horas para formalizar y validar la demostración en Lean, quedando el documento disponible para su revisión, aunque su validación oficial requiere la aceptación de la comunidad científica independiente.
LA CONTROVERSIA CON LOS BORRADORES PRIVADOS
El punto más álgido del caso involucra a Tristan Buckmaster, investigador que trabajaba junto a Levent Alpöge y quien había colocado sus borradores dentro de Codex. Al notar similitudes, Buckmaster cuestionó a la compañía para saber si el modelo había consultado esas sesiones o si se entrenó con ellas, obteniendo una negativa sobre la consulta de datos, pero sin una aclaración inicial sobre el entrenamiento de la red.
Por su parte, OpenAI rechazó que sus investigadores o agentes examinaran dicho trabajo antes de darlo a conocer. No obstante, la organización admitió que datos desidentificados provenientes de sus plataformas pudieron haber ayudado a optimizar sus modelos, marcando distancia entre sus hallazgos y las investigaciones previas sobre Euler realizadas por los matemáticos.
Hasta el momento no existen evidencias contundentes para asegurar que la empresa sustrajo la información, pero la falta de claridad en las respuestas mantiene la duda sobre si el material de los investigadores sirvió para entrenar a la inteligencia artificial que hoy se adjudica el descubrimiento.
Por: Redacción de Noticia Digital (NoticiaDigital.com.mx)





