Con el paso de los kilómetros y la falta de mantenimiento preventivo, es completamente normal que un coche que antes respondía a la perfección comience a perder la potencia original de su motor de combustión interna, un proceso gradual donde la falta de aire, combustible o chispa eléctrica termina afectando el rendimiento al pisar el acelerador con fuerza.
PROBLEMAS EN EL FLUJO DE AIRE
Un filtro de aire obstruido es de las broncas más frecuentes, ya que impide el paso correcto hacia la cámara de combustión y reduce el flujo de aire en más de un 30 por ciento, alterando la mezcla y debilitando la aceleración. Asimismo, un sensor de masa de aire sucio o descompuesto manda lecturas erróneas a la computadora, provocando que la inyección de gasolina se desequilibre por completo.
De igual forma, las fugas de vacío ocasionadas por mangueras agrietadas permiten la entrada de aire no calculado que descontrola las revoluciones del motor. A esto se le suman los molestos depósitos de carbono que se acumulan en las válvulas de admisión, principalmente en los motores de inyección directa GDI, bloqueando el paso y frenando el desempeño.
FALLAS EN EL SUMINISTRO DE GASOLINA
El sistema de combustible también sufre cuando el filtro respectivo se bloquea y limita drásticamente el flujo de gasolina que llega al motor. Cuando la bomba de combustible anda fallando, es incapaz de mantener la presión requerida, quedándose corta en el suministro necesario para andar al 100.
Aunado a lo anterior, unos inyectores sucios o dañados impiden que la pulverización del combustible sea uniforme y precisa, arrojando una aceleración muy pobre. Por si fuera poco, echarle gasolina contaminada o de bajo octanaje al tanque genera una combustión incompleta que hace que la respuesta del motor sea sumamente lenta.
FALLAS EN EL ENCENDIDO Y ESCAPE
Las bujías gastadas representan la causa número uno de los titubeos al acelerar, sobre todo cuando la separación del electrodo rebasa los 1.1 milímetros, haciendo que la chispa pierda toda su fuerza. Del mismo modo, si las bobinas de encendido o los cables están dañados, el voltaje necesario no llega a las bujías, debilitando la chispa y provocando fallas graves.
Por otro lado, un catalizador tapado bloquea la salida de los gases de escape, elevando la contrapresión y restando potencia de manera notable, situación que frecuentemente viene acompañada de un peculiar tufo a azufre que huele a huevo podrido.
ERRORES ELECTRÓNICOS Y DE SENSORES
Finalmente, la parte electrónica juega un papel crucial cuando el sensor de posición del acelerador se daña y manda señales falsas a la computadora sobre la apertura real, arruinando el cálculo del combustible. Algo similar ocurre con el sensor de oxígeno, el cual confunde las correcciones de inyección y crea una mezcla totalmente desequilibrada.
Por último, cualquier alteración en la computadora puede traducirse en lecturas equivocadas debido a sus sensores asociados, o bien, hacer que el sistema active un modo de protección para limitar la fuerza del motor y evitar daños mayores.
Por: Redacción de Noticia Digital (NoticiaDigital.com.mx)




