La culminación de la adquisición de Electronic Arts por un valor de 55.000 millones de dólares ha puesto en marcha un plan de recortes económicos que derivará en despidos masivos y en una profunda reestructuración para hacer frente a la pesada carga financiera derivada de la operación.
Esta colosal transacción ha sido encabezada por el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita, en colaboración con las firmas Silver Lake y Affinity Partners. Para concretar la compra, se recurrió a una adquisición apalancada que incluye una financiación parcial mediante una deuda de 18.000 millones de dólares, a los que se suman otros 20.000 millones comprometidos por la entidad bancaria JPMorgan Chase, mientras que el consorcio inversor aportó cerca de 36.000 millones en capital. Como resultado de este esquema financiero, la compañía editora de videojuegos deberá afrontar un pago anual aproximado de 1.800 millones de dólares únicamente en concepto de intereses.
Los documentos entregados a los inversores reflejan que la corporación necesita recortar sus gastos anuales en 700 millones de dólares con el objetivo de alcanzar la rentabilidad a corto plazo. Del total de este ajuste, unos 170 millones se obtendrán a través de la categoría empresarial denominada “eficiencias organizativas”, un término que anticipa una fuerte reducción de personal y la eliminación de estructuras o equipos duplicados. Los 530 millones de dólares restantes se recortarán de diversos sectores operativos, lo que podría traducirse en disminuciones presupuestarias en marketing, proveedores, infraestructuras, así como en la interrupción o cancelación de videojuegos en desarrollo.
La situación resulta especialmente crítica debido a los antecedentes recientes de la compañía, ya que en el transcurso del año 2025 se suprimieron entre 300 y 400 puestos de trabajo, afectando a un centenar de integrantes de Respawn Entertainment y provocando la cancelación de un título vinculado a Titanfall. Asimismo, en el mes de marzo de 2026 se ejecutaron nuevos despidos en estudios desarrolladores asociados a la franquicia Battlefield, tales como Criterion, DICE, Motive y Ripple Effect.
Con un EBITDA anual que ronda los 1.500 millones de dólares, la empresa apenas cuenta con margen para atender el servicio de la deuda, lo que limita de forma drástica su capacidad para realizar nuevas adquisiciones o inversiones extraordinarias. Ante este panorama, la prioridad de la organización se centrará en proteger y potenciar sus franquicias comerciales más seguras y lucrativas, como EA Sports FC, Madden NFL, Battlefield y Apex Legends, dejando a los proyectos experimentales o de ciclos largos expuestos a recortes o a una monetización más agresiva.
Si bien la transición hacia una estructura de empresa privada exime a la compañía de la obligación de rendir cuentas trimestrales ante el mercado público bursátil, la presión económica de los nuevos propietarios y de los acreedores exige una optimización inmediata de los recursos, marcando un futuro incierto para la estabilidad laboral de sus plantillas de trabajadores.





