
Cuando Meta lanzó Muse hace casi dos semanas, la pregunta era si el mercado lo tomaría en serio. La respuesta llegó el lunes: las acciones de Meta cerraron un 11,43% al alza a 741,25 dólares, con un volumen de 48,5 millones de acciones —muy por encima de la media de tres meses—, según recoge The Motley Fool. En una sola sesión, Mark Zuckerberg engordó su patrimonio en unos 25.000 millones de dólares según el cálculo de Forbes basado en su participación de aproximadamente el 13%, cifra que eleva su fortuna estimada a 253.600 millones. Lo que Wall Street estaba comprando era algo sencillo: por primera vez, Meta tenía un producto de IA con descargas que se podían contar. Muse superó a ChatGPT y a Claude en el ranking de descargas de iOS de Apple en menos de dos semanas, según datos citados por The Motley Fool. Ken Gawrelski, analista de Wells Fargo, subió su precio objetivo de 640 a 796 dólares el mismo lunes, señalando que Meta «ahora tiene una historia que contar» en IA, y apuntando a los ingresos por suscripción de usuarios intensivos como el potencial al alza.
El contexto de ese rally importa. En abril, Meta había guiado un gasto de capital de entre 125.000 y 145.000 millones de dólares para 2026, el mismo trimestre en que sus usuarios diarios cayeron por primera vez en la historia. El mercado castigó esa combinación con una bajada del 9% en afterhours. Muse es la respuesta a la pregunta de para qué sirve todo ese capex.
¿De dónde viene Muse en realidad?
El mismo lunes que subía la acción, saltaba otra historia sobre Muse que tardó pocas horas en viralizarse entre la comunidad de IA. Ansh Nanda, cofundador de una app de IA, publicó en X que «Muse es LITERALMENTE OpenClaw para normies», adjuntando una conversación en la que la propia Muse admitía que la similitud entre sus archivos internos y los de OpenClaw —el agente de IA personal de código abierto creado por Peter Steinberger— no era una coincidencia sino «una coincidencia perfecta».
OpenClaw es un proyecto open source disponible en GitHub. Su SOUL.md —el archivo de texto plano en Markdown que define la personalidad, el estilo de comunicación, los valores y las reglas de comportamiento de un agente de IA— aparecía en Muse con contenido casi idéntico al original. Otros usuarios señalaron que los nombres de archivos del espacio de trabajo eran también los mismos.
Nat Friedman, ex-CEO de GitHub, head of product en el laboratorio de Meta de superinteligencia (MSL) y fichaje reciente de Alexandr Wang, respondió en X sin negar ninguna de las acusaciones sustanciales: «Muse fue definitivamente muy inspirada como producto en OpenClaw […] nuestro objetivo con Muse era construir algo como OpenClaw que pudiéramos hacer seguro, fácil de usar y escalar a miles de millones de personas». Describió a Steinberger como «un genio» cuyo «arnes pionero» marcó el camino. También reveló que había comprado «cientos de Mac minis» para el equipo de MSL en enero para que pudieran usar OpenClaw.
La distinción que hace Meta —»construido desde cero pero muy inspirado»— es real desde un punto de vista técnico: no hay código de OpenClaw en Muse. Lo que hay es algo que en el mundo del software se reconoce inmediatamente como «copiar la arquitectura y el diseño, no el código literal». Es exactamente lo que Meta hizo con Stories de Snapchat hace casi diez años, como señala TechCrunch. OpenClaw es open source y el uso de inspiración sobre código abierto es legal. La pregunta ética es otra.
Un día complicado: Amazon bloqueó Muse y llegó una vulnerabilidad de día cero
El mismo lunes del rally bursátil, Amazon bloqueó a Muse de su tienda, comunicando a los usuarios que los agentes de IA no autorizados incumplen sus condiciones de uso. Para un agente que se vende precisamente por su capacidad de hacer compras en nombre del usuario, perder acceso al mayor marketplace de comercio electrónico de EE.UU. el día uno es una mala noticia con mayúsculas.
Y ayer mismo Meta tuvo que publicar un hotfix de emergencia para una vulnerabilidad zero-day en la app Muse para Mac. El investigador de seguridad Patrick Wardle descubrió que software malicioso ya instalado en un Mac podía secuestrar la sesión de Muse del usuario. Meta calificó el riesgo como «bastante bajo» porque requería código previo en el equipo. Wardle discrepó, argumentando que técnicas de ingeniería social pueden conseguir ese código en un Mac con relativa facilidad.
Meta lanzó Muse hace dos semanas accediendo a los mensajes de los usuarios de sus plataformas con permisos que muchos no conocían. El Consejo de Supervisión de Meta ya había alertado de que sus propias reglas sobre deepfakes eran fundamentalmente inadecuadas. Meta One, el plan de suscripción de 2,99 y 4,99 euros que Meta lanzó la semana pasada en Europa, es la otra apuesta de monetización de IA que los inversores están mirando. Meta Connect arranca hoy mismo —23 y 24 de septiembre— donde se esperan las gafas inteligentes sin cámara con Muse integrado. Ese evento puede ser el siguiente catalizador del rally, o el primer correctivo.
Llevo años cubriendo los lanzamientos de productos de Meta y el patrón es consistente: anuncio ambicioso, recepción entusiasta, problemas de implementación en los primeros días, correcciones. Muse sigue el guion. La diferencia esta vez es que el mercado ha decidido que los problemas de los primeros días no cambian el argumento central: Meta finalmente tiene un producto de IA de consumo que la gente descarga y que supera en adopción temprana a ChatGPT. Lo que haga Connect hoy determinará si eso era suficiente o si el rally necesitaba algo más.





