Cuando Apple presentó el iPhone Duo, una de las preguntas inevitables estaba justo en el centro de su pantalla. Literalmente. El pliegue ha acompañado a los teléfonos plegables desde sus primeras generaciones y, aunque los fabricantes han conseguido reducirlo muchísimo, sigue siendo una de esas pequeñas imperfecciones que recuerdan constantemente que estamos ante un panel flexible. Las primeras unidades del Duo ofrecen una respuesta bastante prometedora: Apple ha conseguido que esa marca resulte muy difícil de apreciar en condiciones normales. Pero, por ahora, solo estamos viendo la mitad de la historia.
En los primeros contactos con el dispositivo, el pliegue aparece como un elemento mucho más fácil de sentir con el dedo que de distinguir a simple vista. Mirando la pantalla de frente puede pasar prácticamente desapercibido, mientras que bajo determinados ángulos o con reflejos más agresivos vuelve a hacerse visible. No ha desaparecido físicamente, por tanto, pero Apple sí parece haber conseguido algo importante: que deje de reclamar constantemente nuestra atención durante el uso habitual.
Parte de esa mejora ya la conocíamos desde la presentación del dispositivo. La pantalla interior del iPhone Duo utiliza una estructura de diez capas, adhesivos diseñados para permitir cierto desplazamiento entre ellas, una placa de titanio y una bisagra de más de cien componentes que sostiene especialmente la zona central cuando el teléfono está desplegado. La idea no consiste únicamente en esconder ópticamente el pliegue, sino también en reducir las tensiones mecánicas que pueden hacerlo más perceptible con el paso del tiempo.
La otra mitad de la solución está en el acabado nanotexturizado de la pantalla. Al reducir los reflejos y dispersar de forma distinta la luz, las pequeñas irregularidades de la superficie resultan mucho menos evidentes que en un panel brillante convencional. Es una elección inteligente porque ataca precisamente uno de los factores que más delatan el pliegue: el reflejo especular sobre una superficie que no es completamente plana. A cambio, algunas primeras impresiones apuntan a que los colores pueden percibirse algo menos intensos que en una pantalla glossy, una diferencia que habrá que valorar con más calma cuando podamos comparar unidades comerciales.
El verdadero problema es que un plegable nuevo cuenta muy poco sobre cómo envejecerá un plegable. El aspecto del panel después de unas horas de demostración no permite saber qué ocurrirá después de meses abriendo y cerrando el dispositivo varias decenas de veces al día. En otros teléfonos de esta categoría, el pliegue puede resultar extremadamente discreto al principio y hacerse más visible conforme el material flexible acumula uso. Ahí está precisamente el examen más importante para la solución de Apple.
La compañía se muestra confiada en la durabilidad del conjunto y sus responsables han defendido que tanto la bisagra como el acabado de la pantalla están pensados para mantener esa discreción con el paso del tiempo. Sin embargo, Apple no ha publicado por ahora una cifra oficial de ciclos de plegado que permita comparar directamente el iPhone Duo con otros modelos del mercado. Y hasta que el teléfono llegue a las tiendas el 23 de octubre y empiece a acumular semanas y meses de uso real, cualquier conclusión definitiva sobre cómo envejece su pliegue seguirá siendo necesariamente provisional.
Por ahora, Apple parece haber ganado la primera batalla: el pliegue existe, pero ha conseguido que resulte sorprendentemente fácil olvidarse de él. Eso ya es un logro importante en un formato donde la propia naturaleza de la pantalla flexible trabaja en sentido contrario. La segunda batalla será bastante más larga y no podrá resolverse en una sala de demostraciones. Habrá que esperar a comprobar si esa misma discreción se mantiene después de miles de aperturas y cierres, cuando el iPhone Duo deje de estar recién estrenado y empiece a demostrar de verdad cómo envejece.
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