Desde pequeños, siempre que hemos pintado estrellas las hemos coloreado de amarillo. Como mucho, de mayores sabemos que también pueden ser rojas, azules o blancas. Esa es, más o menos, su escala de colores. Hay estrellas que incluso dan pistas sobre su color, como la gigante roja o la enana blanca. Sin embargo, según un nuevo estudio, la gama de colores puede ser mucho más amplia, especialmente en el caso de las enanas blancas.
Rosas, verdes y púrpuras. Las enanas blancas están demasiado lejos para que podamos verlas directamente y mucho menos interpretar su color. Por eso, un equipo de científicos de la Universidad de Warwick ha usado espectros tomados previamente y los han pasado por un modelo informático que analiza la luz como si estuviese pasando por los fotorreceptores del ojo humano. Así, vieron que, si bien es cierto que la mayoría de enanas blancas se verían blancas si las tuviéramos delante, algunas se mostrarían ante nuestros ojos con un bonito color verde, rosa o púrpura. Y también habría azules o amarillas.
La evolución esperada de una estrella. Generalmente, el color de las estrellas se asocia con su temperatura, exactamente igual que pasa con un hierro que se va calentando cada vez más. Los fotones azules son mucho más energéticos que los amarillos o rojos. Por eso, a medida que se calienta la estrella, va pasando primero por tonos más cálidos y finalmente por colores fríos, llegando primero al blanco y finalmente al azul. Las enanas blancas están muy calientes. Lo esperable es que sean de color blanco o, como mucho, azul. Pero hay algo que las hace especiales.
La clave está en la densidad. Las enanas blancas están formadas por el núcleo de una estrella moribunda que ha expulsado sus capas externas, concentrando su masa en un espacio más pequeño. Por eso, son extremadamente densas. Y ahí justamente está el truco de esta historia. Cuando los átomos de elementos traza, como el calcio o el sodio, están aislados, su efecto sobre el patrón de absorción de la estrella es mínimo. Absorben muy poquita luz, por así decirlo. Sin embargo, cuando están muy apretados y pegados a otros átomos, las colisiones que se producen entre ellos ensanchan el espectro de absorción. Dicho de forma simple, absorben mucha más luz y su efecto es más tangible.
La luz blanca es la suma de todas las longitudes de onda del espectro, pero si tenemos muchos átomos absorbiendo determinadas longitudes de onda, solo quedarán unas pocas.
Un ejemplo vale más que mil palabras. Para entender esto, lo mejor es conocer el color de algunas de las enanas blancas estudiadas por estos científicos. Por ejemplo, la estrella WD J1330+6435 tiene mucho sodio, que absorbe el naranja, dejando que predomine el color verde. Por otro lado, WD J1011+2845 tiene mucho carbono, que absorbe las radiaciones azules, verdes y amarillas, dejando que predomine un tono rosa salmón. También hay enanas blancas enriquecidas en restos de asteroides y cometas, que se ven amarillas, y algunas que se ven de un tono cian porque su atmósfera es mixta, de hidrógeno y helio.

Mark A Garlick/Universidad de Warwick.
Solo unas pocas. De las 151 enanas blancas a menos de 65 años luz que se analizaron, solo 5 tenían un color inusual. El resto sí que eran blancas, así que no podemos decir que hayamos sido engañados con el nombre.
En resumen, si alguna vez vemos un niño que colorea las estrellas de un color alejado del amarillo, deberíamos dejar de pensar que es tan imaginativo como el que colorea un perro de azul. Este, en realidad, no sería más que un niño bien informado.
Imagen |Mark A Garlick/Universidad de Warwick.
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La noticia
Descubren que las enanas blancas no son blancas. Al menos no todas
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Azucena Martín
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