sábado, octubre 24, 2026
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Árbol invasor llegó en 1824 y adorna jardines. 

En España, la mimosa o acacia (*Acacia dealbata*) se ha convertido en una especie exótica invasora que causa graves problemas ecológicos, especialmente en Galicia, a pesar de haberse instalado en el país desde 1824 con fines ornamentales.

ORÍGENES Y LLEGADA DEL ÁRBOL AUSTRALIANO

Aunque hoy en día se le ve como parte del paisaje habitual en el noroeste de la península y otras zonas de clima suave, este ejemplar es originario de Australia y Tasmania. Su arribo a territorio europeo no fue por accidente, sino una acción completamente deliberada.

A principios del siglo XIX, la motivación principal para traerla fue la decoración, por lo que rápidamente ganó terreno en parques y avenidas. Quienes idearon su introducción no escatimaron en razones: destaca por sus llamativas flores amarillas, un aroma dulce muy particular, una floración temprana que va de enero a marzo, un crecimiento acelerado y una baja exigencia de cuidados. Asimismo, se le valoraba por ayudar a fijar el terreno y por la obtención de goma a partir de su tronco.

IMPACTO Y COMPORTAMIENTO INVASOR EN GALICIA

Con el paso de los años, la situación cambió drásticamente. En la región gallega, este árbol ya representa una plaga consolidada que naturalizó su presencia en las zonas bajas y medias, abarcando hasta los 600 metros de altitud y apropiándose de espacios donde la vegetación había sufrido daños por incendios, talas o cultivos previos.

No obstante, sus supuestas virtudes ecológicas ocultan un grave peligro. La acacia crece a una velocidad impresionante, lo que le permite desplazar a las especies autóctonas en cuestión de pocos años. Además, consume grandes cantidades de agua y acidifica el suelo, empobreciéndolo y dificultando el crecimiento de otras plantas.

EL PELIGRO DEL FUEGO Y LAS MEDIDAS DE COMBATE

El inconveniente más severo de la mimosa tiene relación directa con los incendios forestales. Al tratarse de una especie pirófita, arde con gran rapidez, lo que acelera su propia expansión. Sus semillas son capaces de mantenerse latentes en la tierra durante largos periodos, y las altas temperaturas de los incendios estimulan su germinación. De este modo, colonizan los terrenos quemados, obstaculizan la repoblación de especies nativas y condicionan el suelo durante sus aproximadamente 50 años de vida media.

Ante este panorama, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) advierte que su erradicación resulta compleja y costosa, requiriendo constancia a largo plazo. Las estrategias planteadas contemplan prohibir su uso en la jardinería, prevenir incendios, preservar la cubierta vegetal natural, aplicar métodos mecánicos y utilizar glifosato en los tocones.

Actualmente, existen operativos en las cuencas del Tajo y el Guadiana, en Extremadura. En Mérida se realizan pruebas experimentales para controlar los rebrotes tras el corte mediante el uso de hongos, mientras que en Madrid se implementan tácticas de control físico, químico y biológico.

Por: Redacción de Noticia Digital (NoticiaDigital.com.mx) 

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